¿Qué miedo hay detrás de vivir sin apego?

¿ Qué dolor tenemos asociado a soltar el apego?

¿Vivimos las relaciones desde el amor o vivimos desde el apego?

¿Cuánto en tu relación hay de amor y cuánto hay de apego?

En este post quiero reflexionar contigo acerca de las diferencias que existen entre “vivir en amor” dentro de una relación o”vivir en apego”.

Creemos vivir en el amor y sin embargo vivimos desde el apego.

Vivir en el amor, sintiendo que el amor fluye de ti hacia tu pareja…es distinto a vivir en apego, es decir; esperando haber qué me da el otro.

Desde el apego queremos recibir, y comprobar cuánto de amor es capaz de darme el otro y qué puede hacer para que yo me sienta feliz.

También quiero compartir contigo sobre el apego a una relación pasada, es decirr, cuando “no soltamos esa relación” después de la ruptura.

Cuando iniciamos una relación, lo hacemos desde el amor, nos enamoramos, vibramos en amor con nuestra pareja y todo fluye fácil.

Transcurrido algún tiempo, la relación va cambiando y nuestros sentimientos. Comenzamos a sentir  que “le necesitamos”. Es ahí donde surge el apego.

La relación se contamina desde ese momento en el que sentimos que necesitamos a nuestra pareja para que nos haga felices.

Tenemos miedo de perderle, de que nos deje de querer, de que esa relación, que nos aporta tanto bienestar, se acabe. Nos invade el miedo a quedarnos solas y sin amor.

El sentimiento de amor verdadero, nace del dar sin expectativas, desde la generosidad, desde el “quiero que seas feliz”. El amor desde lo profundo es  un sentimiento generoso, que no depende de intereses.

Con el tiempo se convierte en; “te doy si tú me das”.  Necesito que me hagas feliz. Quiero que estés conmigo para que puedas darme lo que necesito para ser feliz.

 

VIVIR EN AMOR O VIVIR EN APEGO – ¿Vivimos las relaciones desde el amor o desde el apego?

 

Las expectativas hacia nuestra pareja

Nuestra pareja nos tiene que valorar, nos tiene que nutrir, nos tiene que reconocer y aportar todo aquello que necesitamos para ser felices. Todo el enfoque está en qué me puede dar para hacerme feliz, como se tiene que comportar y en todo lo que necesito que haga y me demuestre, para que yo me sienta feliz.

Y comenzamos a sufrir si dejamos de sentimos que ya no recibimos nada de esto. En el momento que nuestra pareja ya no está tan pendiente de nosotras, no sentimos infelices e insatisfechas. Ya no vivimos en amor sino que vivimos en el miedo, en el apego.

Sentimos miedo de que ya no nos quiera tanto como creemos que nos tiene que querer y demostrar, nos sentimos infelices porque no cubre todas las expectativas que teníamos.

Toda la construcción mental acerca del amor y la relación se nos empieza a caer, dudamos, desconfiamos, comenzamos a vibrar desde la carencia, desde el “necesitar” y desde el miedo. Todo ello es apego.

 

El enemigo del amor es el apego y lo confundimos amor.

 

El apego es una actitud mental y es el principal enemigo en las relaciones.

Apego es creer que esa persona tiene todo lo que necesitamos para ser felices.

Necesito que el otro cubra mi necesidad de sentirme bien, llena y satisfecha, necesito su aprobación, su reconocimiento y valoración o me sentiré con baja autoestima e infeliz.

Sin embargo, el amor verdadero, es el deseo profundo de que esa persona sea feliz.

Vivir en amor es mirar a alguien y desearle toda la felicidad y que tenga todo lo que necesita para lograrlo, desde la generosidad, sin pretender nada a cambio por ello. Es amor si es incondicional. Esto es vivir en amor, experimentando su verdadera naturaleza.

No es amor cuando pensamos  “quiero que seas feliz mientras te quedes a mi lado, mientras permanecemos casados mientras tú sigues siendo mi pareja”.

El amor es un sentimiento que va mucho más allá y conecta con tu verdadera naturaleza, con tu esencia, con el amor que tú ya eres. Y desde ahí siento que te amo desde todo el amor que hay en mí y soy capaz de proyectar en ti de manera incondicional.

Con apego no miramos a nuestra pareja desde el amor, sino creyendo que tiene la capacidad de darnos todo lo que necesitamos para hacernos felices y “le queremos” porque le “necesitamos”. Y no es una proyección desde dentro hacia afuera, sino al revés.

Mi saco de amor está vacío y necesito que me tú me lo llenes de todo lo que tú tienes y yo no tengo o no soy capaz de darme.

Si quieres a alguien con apego, significa que hay “miedo a perder” y el miedo es el opuesto al amor.

Podemos verlo también el apego hacia nuestros hijos, hacia nuestros padres y hacia las cosas materiales.

La sociedad, la cultura, nuestras creencias, nos incitan a  vivir en apego a las cosas, a necesitarlas para ser felices. No somos rentables para una sociedad consumista y materialista si vivimos en el amor y nos sentimos abundantes, no necesitados de comprar, de consumir, de forma permanente para proveer nuestra despensa de la felicidad, que por cierto, nunca está llena, siempre necesita más.

Sentimos que el amor viene de fuera, queremos tener para nuestro alivio, para nuestra satisfacción todo aquello que está fuera.

No somos capaces por nosotras mismas de sentirnos mujeres completas, llenas de amor y vivimos apegadas a todo aquello que consideramos necesitamos para llenar ese vacío.

 

Nuestras creencias acerca del amor

 

Nuestra actitud acerca del amor y de la felicidad viene de nuestras creencias.

Por nuestra forma de vivir, por la cultura … creemos que vamos a experimentar el amor desde las experiencias que vienen de fuera, desde lo que otras personas o cosas nos van a dar.

Si creemos que nuestra pareja es la única que puede hacernos felices y que solo sentiremos el amor si le tenemos a nuestro lado, viviremos en apego y en el sufrimiento.

Entregamos el poder de nuestra felicidad a otras personas y cosas sin ser conscientes y reflexionar que la verdadera fuente de la felicidad está dentro de una misma.

En nuestra naturaleza está la capacidad de sanarnos y sentirnos felices desde lo que ya somos. Lo que ocurre es que no nos lo creemos y seguimos pensando que, si tengo esto o lo otro, voy a sentirme feliz y que sí estoy con esta persona voy a sentirme feliz.

Pensamos “no soy capaz de estar sola” y me sentiré infeliz si no le tengo a mi lado.

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El apego nos hace muy vulnerables en la relación

Tener la expectativa de que la otra persona nos va a hacer felices, nos coloca en una posición de vulnerabilidad.

En las relaciones nos sentiremos débiles ya que damos todo el poder al otro acerca de nuestra felicidad.

Si siempre vamos a necesitar algo o alguien para sentirnos bien, vivimos en el “necesitar”, nos apegamos a todo aquello que creemos “está fuera” o en “el otro” y nos volvemos dependientes de lo que erróneamente creemos que nos provee de felicidad.

De esta forma de esta forma la estructura de esta relación con tu pareja te hace muy débil porque tú careces de lo que necesitas para ser feliz y dependes de que esa persona te lo dé.

Pero si esta persona no te necesita para ser feliz ¿cómo vas a garantizar que te siga dando lo que tú necesitas?  Así que lo que sucede es que cuando nosotras notamos las señales de apego de la otra persona nos sentimos felices por ello.

Queremos que nuestra pareja sienta el apego hacia nosotras, porque así creemos que nos necesita y  sentirnos necesitadas y queridas nos reconforta.

Tú quieres que tu pareja te necesite como tú necesitas a tu pareja.

Pero si de verdad sientes un amor auténtico ¿cómo vas a querer que la otra persona sienta ansiedad si no está contigo?. Esto es una absurda idea acerca de lo que es el amor de verdad.

Si deseamos la felicidad del otro, ¿cómo podemos pretender que el otro viva en apego constante? El apego es sufrimiento y no es esto lo que deseamos a la persona que amamos, si amamos de verdad.

 

Nos apegamos a un rol en la relación

 

Construimos nuestra identidad en relación a la experiencia que vivimos con la pareja, adaptándonos, amoldándonos a como es nuestra pareja, al rol que interpretamos en la relación, aunque no esté alineado con nosotras y no estemos sintiendo que vivimos desde nuestra esencia y un arraigo profundo en nuestro ser, en nuestras aspiraciones y nuestro propósito de vida.

Vivimos la relación de pareja sin ser nosotras mismas, no hay autenticidad, por miedo a perder, por no cubrir las expectativas del otro. Esto nos hace sufrir mucho en una ruptura porque no sabemos des identificarnos con la identidad que habíamos construido.

Relación de contrato y no de amor

 

Yo te doy lo que tú necesitas para hacerte feliz y tú me das lo que yo necesito para sentirme feliz. Se convierte la relación ver al otro como la herramienta para cubrir mis necesidades.

Utilizamos la palabra te quiero y esto implica necesidad, te quiero porque tú me das, porque necesito. Sin embargo el amor es dar es abundancia es sentir que tienes todo para dar y no implica necesidad.

Querer o  decir te quiero, implica necesito algo de ti y te quiero para poder cubrirlo. Te amo implica generosidad sentir que tienes todo dentro de ti para dar y compartir y desear la felicidad del otro.

El verdadero amor está en ti y desde ahí puedes vivir en amor

 

La experiencia de felicidad que vives cuando estás en pareja no viene del otro viene de tu “capacidad de amar”

Vivimos confundidas en apego creyendo que vivimos en amor.  Cuando el amor ya está en nosotras, tenemos todo para dar y experimentar la felicidad desde lo que ya somos. No nos falta nada para sentirnos completas, si aprendemos a conectar con esa realidad que ya está ahí.

Tu capacidad de amor siempre va a estar ahí, nada ni nadie puede arrebatarte esto.

La experiencia que nos dio felicidad, la emoción que está debajo, que nos alimentó y nos dio placer cuando estábamos en pareja, fue nuestra propia capacidad de amar de dar de querer que otros sean felices y nadie te puede quitar esta capacidad.

Cuando una persona se va de tu lado, tú te quedas con todos tus recursos internos. Tenemos la oportunidad de abrirnos a la vida y de ver nuevas opciones, y cofiar porque las posibilidades son infinitas. Tú puedes decidir qué actitud tomar ante las cosas que te suceden.

Después de una ruptura, comienza una nueva etapa, una nueva oportunidad, un nuevo camino. La despedida más generosa para ese pasado, para esa relación… es decidir que yo voy a seguir buscando mi felicidad dentro de mí, que es donde está, en mi paz y equilibrio interno,  y en mi está el deseo que la otra persona también la encuentre dentro de ella y sea feliz.

El apego después de la ruptura

 

Después de la ruptura lo que podemos cultivar es la gratitud.

Sentir la gratitud hacia la persona que formó parte de nuestra vida, por todo lo aprendido y por todo lo vivido y el aprendizaje que tuvimos de esa relación.

Proyectar la felicidad hacia el otro. Vibrarás desde otra energía de confianza.

Con sabiduría nos podemos dar cuenta de la impermanencia de las cosas.

Nadie está aquí para siempre. Todas las personas tenemos un final. Y cada persona que hoy está a nuestro lado, un día se irá. Bien sea porque fallecerá o porque nuestros caminos se separarán. 

Es ley de vida y no ser conscientes de ello también es vivir en apego y sufriir.

Así que podemos alegrarnos, de las personas que aunque se alejaron de nuestras vidas, siguen vivas.

Una ruptura es eso, y la persona no ha fallecido y al igual que nosotras sigue buscando su felicidad, lo cual nos debería de alegrar.

Soltar el pasado para avanzar, cerrar esa puerta para que se abran otras, ésta es la clave para evitar el sufrimiento del apego después de una ruptura.

Desde el desapego seremos capaces de ver esas nuevas oportunidades que nos trae la vida, para que sigamos creciendo y evolucionando. Para ello tenemos que abrirnos a experimentar, a confiar en la vida y ella nos va a proveer de todo aquello que necesitamos para vivir en coherencia con nuestros valores que son los que nos hacen sentirnos felices y en plenitud.

Estamos ante un nuevo camino de experiencias, vamos a dejar que la vida nos sorprenda.

Desde nuestra esencia, desde lo que somos, desde la alegría que hay dentro de nosotras, atentas y abiertas a la magia que está latente en la vida, se presenta ante nosotras la oportunidad de vivir experiencias maravillosas.

Podemos seguir aprendiendo y disfrutando de la abundancia del universo, de vivencias enriquecedoras, llenas de color…si nos abrimos a sentir toda esa abundancia que somos.

Reflexiones:

 

Nada ni nadie que ahora está en tu vida, permanecerá, así que no te apegues a nada de lo que ahora poseas ni a ninguna persona que ahora esté en tu vida, ni siquiera a tus amigos, amigas, seres queridos.

No les cargues a los demás con tu necesidad de tenerlos en tu vida para ser feliz.

Deja de apegarte a las personas, que entren y salgan de tu vida libres, disfruta de ellas, aprende con ellas…pero no te apegues ni condiciones tu felicidad a la presencia que tenga en tu vida.

Vacía tu mochila de apegos y descubrirar la esencia de tu ser que es amor.

Elige ser feliz, sin miedo, y  elegirás “Vivir en amor y no vivir en apego”.

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