Amar no es sufrir

Hay veces que sientes que la relación no funciona, que sufres demasiado, y que te duelen cosas que están ocurriendo, es entonces cuando piensas si duele más la relación que la ruptura, si permanecer es mantener un sufrimiento que no te conduce a nada positivo, que te destruye un poco más cada día.

Cuando seguir en la relación duele, porque sientes que algo se rompe y no estás bien. Te vienen tus creencias de que en una relación de amor la energía fluye y que debes sentirte en armonía con la persona que amas y te ama, que es tu acompañarte de vida, tu cómplice, tu confidente, tu amigo. Tu pareja es la persona en quien depositada toda tu confianza y sin embargo, te das cuenta de que eso ya no es la realidad de lo que tienes cada día en tu vida, y  lo que estás sintiendo te duele.

Algo te dice que la vibración de amor se está perdiendo. Sabes que amar no es sufrir y te haces mil preguntas sin hayar las respuestas.

En una relación donde el espacio que te da el otro ya es casi invisible. Los silencios cada vez son más largos, en donde ya no sientes al otro a tu lado. Sientes que estas en una barca, en medio del mar, sola. R

Y permites situaciones, distancia y permaneces a la espera, sin saber muy bien qué esperas, porque esperar también duele.

Te excusas por seguir ahí, día tras día. A pesar de todo, te justificas porque amas. Te basas en el amor que sientes, en que quizás no es el momento para salir de ahí, en que no quieres hacer daño al otro, incluso aunque a tí ya te está doliendo.

Te dices a ti misma “sé paciente”, las cosas cambiarán. Te engañas porque tú no puedes cambiar nada ni a nadie. Sabes de sobra la lección, ya lo viviste una vez, “nada cambia” si tú no cambias. La mente te da razones y el corazón sigue amarrado.

Y el tiempo pasa y y sigues con un diálogo interno incesante, en el cual te cuentas mil historias a ti misma, para tratar de justificar lo injustificable.

No entiendes nada, te preguntas qué ha pasado, quisieras ponerte en la piel de la persona que creías conocer. Pero no existe comunicación y suponer resulta inútil.

Siempre te contaron que cuando creas algo, debes decirlo y no guardarte nada. No imaginar, ni inventes historias. Aquéllo que supongas, es sólo eso, “una suposición “. Transmite, comunica, dí como te sientes …

Cuando eres fiel a tus valores, actúas así, aprendes a no callar ni guardar lo que está en ti, aunque a veces quede ahí, en tu ser, en tus entrañas, sin la respuesta que hubieras deseado.

En toda relación, es vital una comunicación honesta, valiente, íntima. Pero ésto no siempre sucede. Y si se desea seguir juntos… ambos apuestan por ello, se comparte, se transmiten sentimientos, no hay oscuridad, no hay espacios de soledad y se da ese tiempo, de unión, de profunda conexión, especial. El amor sano es comunicar desde la verdad, desde el corazón, sin miedo.  Creando ese espacio donde se sienta la sincronía y el amor real, no solo de palabra, donde se perciba que está vivo y que fluye. Es ese momento en el que sientes “que de verdad le importas al otro”. Escucharse, comprenderse y abrir ese corazón lleno de sentimientos, es un regalo que cada miembro de la pareja debería hacer al otro, sin condiciones, sin esfuerzo, sin tener que pagar ningún precio.

Al no existir esa comunicación, comienzas internamente a darte tus propios argumentos, a hacerte preguntas que no tienen respuestas y vas entrando en un estado de intranquilidad y ansiedad que te impide dormir bien, y enfocarte en tu rutina, en tu trabajo, en tu vida con energía.

Pierdes tu alegría, dejas de ser tú, no hay luz en tu mirada y la tristeza reside en ti ya de forma permanente cada día. Tratando de disimular lo que en ti es palpable. No estás viviendo en ti, sino el otro y en la situación que se está dando que se alarga en el tiempo y te va sumiendo en la tristeza e impotencia.

¿Qué estás permitiendo en tu vida que no te hace feliz?

Puedes mantener una situación que te hace sufrir, todo el tiempo que estés dispuesta a permitirlo. Quizás sean días, semanas, meses… hasta qué te des cuenta, hasta que te preguntes ¿para qué?. Y tomes consciencia de lo que todo ello está generando en ti y si te es útil o no. En tu energía, en tu día a día, en como te sientes, si te ayuda o no.

Todo el tiempo que tú permitas, situaciones, palabras, dolor… y que no sientas que pierdes el contro, y no estás cogiendo las riendas de tu vida, en ese momento, otorgando el poder de estar bien y de tu felicidad, de tu bienestar, en manos de otra persona.

Todo ello genera un sufrimiento terrible, porque sabes que te haces daño y que no es responsabilidad del otro, sino que eres tu misma. Al fin y al cabo es tu vida, y nadie más tiene el poder sobre ella que tú. Generas tus emociones, tú las creas, están en ti, al margen de que disparador te haya conectado con ellas. Pero al igual que son tuyas, solo tú tienes el poder de gestionarlas. Tú decides lo que quieres o no para ti. Y sin ser demasiado consciente, aceptas y permites lo que te sucede, porque esto solo depende de ti.

Te haces mil preguntas… ¿para qué me estoy haciendo esto?, ¿qué consigo permitiendo este daño gratuito?, ¿qué sentido tiene continuar así? porque en el fondo, tu ser quiere despertar del dolor.

Necesitas sentirse digna, empoderada. Pero el ego siempre está ahí, saboteando.
Y te aferras al sentimiento del amor o a lo que crees que es amar.

Rememoras los momentos vividos, te alimentas del pasado una y otra vez e intentas encontrar las respuestas, que no hallas en el presente; porque lo que observas hoy de tu pareja, no es lo que conociste y te martirizas una y otra vez, tratando de entender silencios, comportamientos, circunstancias… algo que no depende de ti, que no está en ti y que sin embargo te atrapa y te cuesta soltar.

Tus creencias acerca del amor

Durante tiempo creíste que tanto amor podría sostener la relación a pesar de todas las dificultades, aunque no hubiera salidas, ni proyectos en común, ni compromiso.

Te contabas tu propia película para soltar lo que tenías, aunque fuera poco o insuficiente. Aunque ya no supieras llenar el vacío y la soledad que sentías a pesar de tener pareja. Y fueran ya demasiados silencios, demasiada distancia, horas de espera, de respuestas, noches en vela y muchas lágrimas.

Hasta que un día tomas consciencia de que querer a alguien, sentir amor “no es suficiente”.

Comprendes que en el amor las cosas deben fluir, no tienen que ser difíciles, no tienen que costar, se dan de forma natural.

Cuando te haces consciente

Un día ya no puedes más y eres consciente de que “romper” te dolerá menos que permanecer ahí. De que tienes que aceptar la realidad, aunque no tengas razones suficientes, el ego siempre las busca, pero en tu interior sabes que es la mejor opción. Tus emociones te hablan, ahí hayas siempre las respuestas. Y confiar que el tiempo hará que comprendas lo que vives hoy y que todo sucede por alguna razón más poderosa.

Revisas por ello una y otra vez lo que conoces de las relaciones de pareja, y del amor. Te repites una y otra vez frases, conceptos, ideas, con las que estás de acuerdo como: “el amor no duele”, “en el amor hay compasión” “si amas no permites el sufrimiento del otro” “amar es empatizar con el otro” “es desnudar el alma y las emociones con el otro y sentir que te comprende” “ser su mejor apoyo” “si amas necesitas estar con el otro” “la comunicación en una pareja es fundamental” y tantas otras cosas, tan importantes, para que la relación funcione.

Una relación sana

Todos los pilares que hacen que una relación sea sana, son importantes y si falla uno, o dos, o incluso más… es inútil tratar de agarrarte a algo que no se puede sostener,

Si sientes hace tiempo que tu relación no funciona, hazte estas preguntas, se honesta contigo y cuéntate la verdad.

– ¿Me siento feliz en esta relación?
– ¿Mi pareja me respeta?
– ¿Mi pareja se preocupa por mí?
– ¿Hablamos a diario de lo que nos pasa?
– ¿Tenemos un proyecto común?
– ¿Vivo acorde con mis valores?
– ¿Mi pareja tiene valores parecidos o iguales a los míos?
– ¿Mi pareja me prioriza y me tiene en cuenta?
– ¿Fluye el amor en mi relación sin sufrimiento ni lucha?
– ¿Mi pareja me demuestra que me quiere?
– ¿Mi pareja me suma?
– ¿Siento tristeza en mi relación?
– ¿Esta relación me aporta energía?
– ¿Estoy siendo yo?
– ¿Soy siempre honesta conmigo?
– ¿Siento que mi pareja está a mi lado?
– ¿Siento que mi pareja me cuida?
– ¿Siento que mi pareja confía en mí y me cuenta todo?

Si alguna o muchas de tus respuestas han sido que NO, dale la importancia que merecen. Observa cómo te sientes al responder con “esa respuesta negativa” y pregúntate qué está ocurriendo para que eso sea un “NO” y qué debería de cambiar para que fuera un SI. Qué emociones hay en ti.

No mires para otro lado, analiza y observa cómo te sientes. 

Mis reflexiones

Piensa que puedes cambiar aquello que depende de ti, pero no del otro. Esperar a que la otra persona cambie es un error. Cuando duele la relación, pregúntate ¿Para qué este dolor?.

Si en el presente hay cosas que no están bien, que no te gustan, da igual cómo fueron en el pasado, porque el pasado ya no existe, solo tienes el presente y es aquí en el presente donde tú decides cómo quieres estar.

Dejar que el tiempo transcurra para que la situación mejore, esperando que sucedan cosas, que se den respuestas, que por arte de magia un día te levantes y todo haya cambiado, sin haber hecho tú nada para que eso suceda, es una utopía. Pensamos que el tiempo soluciona nuestra vida, nuestros problemas y no es así. El tiempo no soluciona nada, eres tú quien hace o no hace, quien dirige tu vida y decide qué hacer con el tiempo que tiene.

Tu vida la construyes cada día. La vida es hoy, es ahora, es éste momento, el único que tienes y que, si no lo vives disfrutando, siendo feliz, ya no vuelve. Y si no lo eres mira en tu interior, averigua que está pasando y toma las acciones necesarias para lograr aquello que deseas. Si no te gusta lo que tienes cámbialo. No demos el poder a nadie sobre nuestra vida y nuestra felicidad.

Si decides que es momento de estar sola, es hora de revisar de nuevo tus valores, honrarlos, vivir acorde con ellos, es una prueba de amor hacia ti misma.

Preocuparte más de ti, de tu bienestar interior, de hacer introspección en tu vida y volver a la calma y al equilibrio, eso que estaba en tí y que la relación ya no te aportaba,  es la mejor decisión siempre.

Es tiempo de recuperar la confianza en ti misma, de reconocerte, de valorarte. De volver a tu esencia, a tu alegría, a mujer que ERES.

La ruptura, por muy dolorosa que sea, lo es menos si tomas consciencia de quien eres tú, de tu poder, de tu fuerza, de tu valor y coraje y de todo lo que se estaba yendo con esa relación. De todo aquello que anulamos cuando una situación nos supera, cuando vivimos con una venda en los ojos, sin querer ver la realidad.

Nos dejamos a nosotras mismas, somos compasivas, pero olvidamos que la práctica de la compasión comienza por una misma y nos abandonamos cuando nuestro enfoque está fuera, en otro ámbito fuera de nosotras, preocupadas por ello y sufriendo. Y la que más te necesitas, que eres tú, está aislada, apartada, abandonada.

Para despertar, tienes que volver a ti, a tu ser, a lo que tú eres, enfocarte en tu vida, en tus proyectos, ilusiones. Volver a toda la grandeza que hay en tu ser y que un día olvidaste.
Retoma todas las actividades que te dan energía.

Observa lo que te dicen tus emociones y abraza tu niña interior y dale mucho amor. En este momento te necesita más que nunca, hazle sentirse querida, acompáñala en este viaje, déjala que llore y abrázala con fuerza. No la juzgues, no la culpes y permítele que exprese y ayúdala cada vez que caiga y de nuevo necesite levantarse.

Tu objetivo mayor es ser feliz y para ello no debes buscar fuera, todo está en ti. Tu equilibrio tu paz interior son el camino de la felicidad.

Este es el momento que tienes, el único para vivir tu vida plena y satisfecha, no esperes a mañana para actuar, para ser feliz.

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